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RICSA, 3(3), 195-197. (2026)
When Data Is Not Enough: The Challenge of Evidence-Informed Health Management
Filiación:
1. Dirección de Monitoreo y Evaluación de la Gestión en salud, Ministerio de Salud, Lima, Perú
2. Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, Perú
a. Licenciada en enfermería.
b. Maestría en Enfermería con mención en Gestión.
Correspondencia: Stephany Karola Ariansen-Moncada; skam.241829@gmail.com
ID ORCID del autor
Víctor Piriz Correa https://orcid.org/0000-0001-5617-7428
Declaración de autoría: la autora declara haber participado en la concepción, redacción y revisión crítica del contenido intelectual de este artículo, así como en la aprobación final de la versión que se presenta.
Declaración de conflicto de interés: La autora declaran no tener conflictos de interés financieros, personales o institucionales que puedan influir en los resultados o interpretación del estudio.
Financiamiento: El presente estudio fue financiado con recursos propios de la autora y no contó con financiamiento externo de instituciones públicas o privadas.
Recibido: 15-09-2026.
Aceptado: 26-09-2026.
Publicado: 30-09-2026.
DOI: http://doi.org/10.57188/ricsa.2026.029
Los sistemas de salud producen y reciben volu´menes crecientes de datos, informacio´n e investigacio´n; sin embargo, su disponibilidad no garantiza que sean incorporados de manera sistema´tica en las decisiones sanitarias. Esta distancia entre la generacio´n del conocimiento y su utilizacio´n continu´a siendo un desafí´o internacional. En 2026, la Organizacio´n Mundial de la Salud (OMS) publico´ su primera agenda mundial de investigacio´n sobre traduccio´n del conocimiento y formulacio´n de polí´ticas informadas por evidencia, reconociendo que, pese al crecimiento de la investigacio´n en salud pu´blica, la evidencia au´n no se utiliza consistentemente para informar las polí´ticas y la pra´ctica. La agenda identifica 19 prioridades de investigacio´n, entre ellas la institucionalizacio´n del uso de evidencia, el fortalecimiento de capacidades, la comprensio´n de los factores contextuales, la comunicacio´n de resultados y el desarrollo de me´todos y herramientas para mejorar su utilizacio´n (1).
En este escenario, resulta necesario distinguir entre disponer de datos y disponer de evidencia u´til para decidir. Los datos constituyen insumos que adquieren significado cuando son organizados, interpretados y contextualizados; a su vez, la toma de decisiones informada por evidencia supone un proceso ma´s amplio que incorpora la identificacio´n, valoracio´n y movilizacio´n de la mejor evidencia disponible (2). Por ello, una decisio´n informada por evidencia no implica sustituir el juicio del gestor por resultados de investigaciones, sino integrar evidencia cientí´fica y otras fuentes pertinentes con las caracterí´sticas del problema, el contexto sanitario, los recursos disponibles y las condiciones en las que la decisio´n sera´ implementada. El desafí´o no consiste u´nicamente en producir ma´s informacio´n, sino en desarrollar capacidad para transformarla en conocimiento u´til para la accio´n.
Esta transicio´n plantea una cuestio´n directamente relacionada con las competencias de quienes participan en la gestio´n sanitaria. Mallidou et al., mediante una revisio´n de alcance, identificaron 19 competencias centrales para la traduccio´n del conocimiento en el sector salud, agrupadas en conocimientos, habilidades y actitudes (3). Estas incluyen comprender el contexto y el proceso de investigacio´n, conocer fuentes de evidencia, sintetizar conocimiento, utilizar resultados de investigacio´n, comunicar y diseminar hallazgos, colaborar, ejercer liderazgo y facilitar la intermediacio´n del conocimiento. Estos hallazgos muestran que el tra´nsito desde la produccio´n de conocimiento hacia su utilizacio´n no constituye una actividad esponta´nea: requiere capacidades susceptibles de ser desarrolladas.
La experiencia Latinoamericana aporta un elemento adicional. En Brasil se desarrollo´ mediante consenso un perfil de competencias para
la formulacio´n de polí´ticas informadas por evidencia aplicable a diferentes contextos de su sistema de salud. El perfil comprende 42 acciones clave distribuidas en gestio´n sanitaria, investigacio´n cientí´fica, sociedad civil, traduccio´n del conocimiento y a´reas transversales (4). En el a´mbito de la gestio´n sanitaria se incorporan acciones relacionadas con la comprensio´n del contexto organizacional, contextualizacio´n y utilizacio´n de evidencia, formulacio´n de polí´ticas informadas por evidencia, implementacio´n, monitoreo, evaluacio´n y movilizacio´n de redes colaborativas. El modelo de Brasil resulta ilustrativo porque vincula las competencias individuales con el entorno organizacional y reconoce que no todas las capacidades tienen que concentrarse necesariamente en una sola persona, sino que pueden distribuirse entre profesionales y equipos (4).
Desde esta perspectiva, incorporar evidencia a la gestio´n sanitaria no significa convertir al gestor en investigador. Implica que pueda reconocer cua´ndo una decisio´n requiere evidencia adicional, formular preguntas pertinentes, identificar o solicitar informacio´n confiable, comprender sus fortalezas y limitaciones, valorar su aplicabilidad y dialogar con quienes producen, sintetizan o intermedian conocimiento. La literatura sobre knowledge brokering muestra precisamente la existencia de funciones orientadas a gestionar conocimiento, vincular actores y fortalecer capacidades para facilitar el intercambio entre quienes producen evidencia y quienes pueden utilizarla (5). Aunque la efectividad de estos mecanismos requiere todaví´a mayor investigacio´n, estas funciones evidencian que entre la generacio´n de conocimiento y la decisio´n existe un espacio de traduccio´n e interaccio´n que debe ser considerado en la gestio´n.
No obstante, centrar el problema exclusivamente en las capacidades individuales serí´a insuficiente. Una revisio´n interpretativa crí´tica de 88 publicaciones identifico´ seis dominios necesarios para institucionalizar la formulacio´n de polí´ticas informadas por evidencia: gobernanza, esta´ndares y procesos rutinarios, alianzas y accio´n colectiva, liderazgo y compromiso, recursos y cultura organizacional (6). Una sí´ntesis posterior publicada en 2025 volvio´ a identificar dimensiones semejantes para la institucionalizacio´n sostenible de decisiones informadas por evidencia en organizaciones sanitarias (7). En consecuencia, formar gestores capaces de utilizar evidencia constituye solo una parte de la respuesta: las organizaciones tambie´n necesitan crear condiciones para que buscar, valorar, discutir y utilizar evidencia deje de depender exclusivamente de iniciativas individuales y se convierta progresivamente en una pra´ctica institucional.
El Peru´ no parte de cero en este proceso. Hace una de´cada, Van der Stuyft, Soto y Solari ya planteaban la traduccio´n del conocimiento como un componente relevante para facilitar la utilizacio´n de evidencia cientí´fica por quienes participan en decisiones de salud pu´blica (8). Asimismo, se han documentado experiencias nacionales en las que evidencia generada por el Instituto Nacional de Salud fue utilizada en procesos de formulacio´n, implementacio´n y evaluacio´n de polí´ticas y programas de salud (9). En el contexto de las Ame´ricas, tambie´n se han reconocido avances peruanos en la incorporacio´n de evidencia a determinados procesos decisorios, al mismo tiempo que se han sen˜alado desafí´os regionales relacionados con la consolidacio´n y sostenibilidad de las capacidades de traduccio´n del conocimiento
(10). Por ello, el desafí´o actual no deberí´a plantearse como el inicio del uso de evidencia en el paí´s, sino como la oportunidad de avanzar hacia su utilizacio´n cada vez ma´s sistema´tica dentro de los procesos de gestio´n.
A partir de la convergencia entre los marcos de traduccio´n del conocimiento, los perfiles de competencias para polí´ticas informadas por evidencia y los modelos de institucionalizacio´n, pueden reconocerse, con fines conceptuales, seis nu´cleos funcionales relevantes para la gestio´n sanitaria: comprender el problema y su contexto; acceder y valorar crí´ticamente la evidencia; sintetizarla y contextualizarla; traducirla y comunicarla; integrarla en la decisio´n, implementacio´n y evaluacio´n; y liderar condiciones que favorezcan su utilizacio´n sistema´tica (1,3,4,7). Estos nu´cleos pueden entenderse como un proceso continuo: los datos y problemas identificados generan preguntas; estas orientan la bu´squeda y
valoracio´n de evidencia; la evidencia debe ser interpretada en el contexto donde sera´ aplicada; su traduccio´n facilita la deliberacio´n y la decisio´n; y la implementacio´n, monitoreo y evaluacio´n producen nuevo conocimiento y nuevos datos. El liderazgo y la institucionalizacio´n atraviesan todo este ciclo. Esta sí´ntesis no constituye un perfil de competencias validado para el contexto peruano, sino una propuesta conceptual derivada de la convergencia de los marcos revisados que podrí´a orientar su discusio´n y eventual adaptacio´n.
La publicacio´n de la agenda mundial de la OMS en 2026 ofrece una oportunidad para profundizar esta discusio´n (1). Si la brecha contempora´nea no radica u´nicamente en producir conocimiento, sino tambie´n en lograr que este sea accesible, pertinente y utilizable, fortalecer las competencias para interactuar con la evidencia deberí´a formar parte de la discusio´n sobre el desarrollo de la gestio´n sanitaria. Ello supone avanzar desde organizaciones que principalmente producen, reciben o reportan informacio´n hacia organizaciones capaces de preguntar, valorar, contextualizar, deliberar, decidir y aprender utilizando la mejor evidencia disponible. El reto de pasar de los datos a la decisio´n, por tanto, no depende solamente de disponer de ma´s informacio´n, sino de desarrollar personas, equipos y organizaciones capaces de convertirla en conocimiento u´til para decisiones sanitarias transparentes, contextualizadas y susceptibles de evaluacio´n.
1. World Health Organization. Global research agenda on knowledge translation and evidence-informed policy-making: prioritizing research for better decision-making. Geneva: WHO; 2026.
2. World Health Organization. Evidence, policy, impact: WHO guide for evidence-informed decision-making. Geneva: WHO; 2022.
3. Mallidou AA, Atherton P, Chan L, Frisch N, Glegg S, Scarrow G. Core knowledge translation competencies: a scoping review. BMC Health Serv Res. 2018;18:502. doi:10.1186/s12913-018-3314-
4.
4. Barreto JOM, Roma˜o DMM, Setti C, et al. An evidence-informed policymaking (EIPM) competency profile for the Brazilian Health System developed through consensus: process and outcomes. Health Res Policy Syst. 2023;21:105. doi:10.1186/s12961-023-01052-z.
5. Bornbaum CC, Kornas K, Peirson L, Rosella LC. Exploring the function and effectiveness of knowledge brokers as facilitators of knowledge translation in health-related settings: a systematic review and thematic analysis. Implement Sci. 2015;10:162. doi:10.1186/s13012-015-0351-9.
6. Kuchenmüller T, Boeira L, Oliver S, Moat K, El-Jardali F, Barreto J, et al. Domains and processes for institutionalizing evidence-informed health policymaking: a critical interpretive synthesis. Health Res Policy Syst. 2022;20. doi:10.1186/s12961-022-00820-7.
7. Toma TS, Barreto JOM, Gomes R, Machado MLT, Riera R, Toledo IP, Silva SF. Critical factors for institutionalizing evidence-informed decision-making in healthcare organizations. Rev Panam Salud Publica. 2025;49. doi:10.26633/RPSP.2025.33.
8. Van der Stuyft N, Soto A, Solari L. Traduccio´n del conocimiento: pautas ba´sicas para los profesionales de la salud pu´blica. Rev Peru Med Exp Salud Publica. 2016;33(3):513-519. doi:10.17843/rpmesp.2016.333.2325.
9. Gutierrez EL, Piazza M, Gutierrez-Aguado A, et al. Uso de la evidencia en polí´ticas y programas de salud: aportes del Instituto Nacional de Salud. Rev Peru Med Exp Salud Publica. 2016;33(3):580-584. doi:10.17843/rpmesp.2016.333.2308.
10. Pantoja T, Barreto J, Panisset U. Improving public health and health systems through evidence informed policy in the Americas. BMJ. 2018;362. doi:10.1136/bmj.k2469